4 de enero de 2010

Perras negras (Final)

Demenaye, gorch, taguel, tuifechie… Así, según yo, era sólo cuestión de ir a la biblioteca de la escuela y tomar aquel diccionario azul: contenedor de secretos. Pero ¡oh sorpresa! Mi escritura no correspondía en nada a lo que la caja fuerte azul contenía. Decepcionado de los resultados obtenidos y, sobre todo, encolerizado, decidí escribir algunas de aquellas palabritas en el muro del antecomedor de mi madre. Tal vez ella podría sacarme de la duda.

Segundo Ultraje. Después del fracaso del primero, ya que mi madre no había comprendido nada de aquello escrito en el muro, ganándome solo una buena chinga, decidí escribir sobre los muros de mi escuela: institución del saber en donde seguro encontraría una respuesta.

El resultado fue idéntico al primero; sin embargo, la curiosidad por las perras negras indelebles sobre el muro invadía las cabecitas de los profesores que murmuraban ¿Qué quiere decir? Me preguntaron, sin saber qué era eso, lo que yo quería saber.

Un plaisir étrangère s'était emparé de moi. Il est possible que dans ce moment là; j'ai commencé à comprendre l'ésprit étrange chez mes parents, au plaisir d'articuler une autre langue, mais moi, je me trouvais dans un autre registre, un autre cosmos de la langue: la singularité de l'écriture.

Magnolia González Rodríguez, Psychologue, etudiante de master 2 en psychanalyse à l-université de Paris 8 Saint-Denis.

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