¿Mi necesidad de dejar marcas por doquier? Se remonta a una época que no puedo evocar con exactitud, pero que, gracias a la escritura, puedo reconstruir, inventar, sin que por ello se trate ni de “verdad”, ni de “mentira”; sólo ficción. La que cada uno se hace de sí mismo.
En aquella primera infancia, borrosa a mi memoria, dejar marcas era únicamente eso: fijar en papel manchas amorfas, líneas que perdían de inmediato su continuidad apenas trazada. Pero ese mundo disimétrico, contenido en un rectángulo blanco, procedía de mi mano.
Tiempo después, cuando ya tenía una edad suficiente para ser juzgada según los parámetros de “normalidad social”, mi afición por aquellas marcas devino en pasión por las letras. Y cuando digo por las letras no digo por las palabras, ni por la escritura. Eran las letras quienes se me ofrecían con todas sus posibilidades combinatorias.
Una implosión tuvo lugar en mí.
Y+O= Yo
Esa simple operación me permitía ubicarme en un más allá de la palabra. Porque ese YO, que era YO, existía también en la hoja blanca, a pesar de mi ausencia física.
YO era mi m+a+n+o que a su vez era la t+i+n+t+a.
De mi pasión por las letras a mi pasión por la escritura sólo fue cuestión de un corto recorrido en el tiempo. De mi pasión por las letras a mi pasión por la escritura...
Las hojas blancas, suaves y lisas comenzaron a devenir una provocación para mí. Me retaban abiertamente a imprimir sobre ellas las ideas que se desbordaban en mi mente. Así que escribí sobre todo aquello que tuviera forma rectangular, formato generalmente A4. El formato más tarde tomaría una importancia especial en mi historia.
Es así como el cosmos de las hojas de papel bond en casa fué poco a poco conquistado por mi mano-tinta. Mi madre se sentía con ello un poquito desconcertada; entonces, sin atreverse a castigarme (no había manera de argumentar lógicamente el porqué del castigo) se limitó a proponerme la realización de otras actividades.
En aquella época estuve completamente de acuerdo con ella, sobretodo porque aquello ocurrido con las hojas de papel bond había sido ya una batalla ganada. Sin embargo, un vacío se apoderó de mí después de aquel triunfo. La sensación de que otro nuevo cosmos podía ser conquistado no desaparecía de mi mente. (CONTINUARÁ).
Magnolia González Rodríguez, Psychologue, etudiante de master 2 en psychanalyse à l-université de Paris 8 Saint-Denis.
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