Dicen que fue la amiga de un amigo que, a su vez, estaba emparentado con no sé quien. En fin, no importa, sus palabras llegaron a mí de cualquier manera. Su momento de filosofía traspasó el tiempo y su conclusión fue la siguiente: “Todos los extranjeros, vienen (a Europa) escapando de algo y tienen un secreto”. Categórica aseveración que trataremos de ejemplificar.
Para la mayoría de extranjeros en París esta implicaagarrarse a otra lengua y , para muchos, a otras letras.
Eso me llevó a pensar, de inmediato, en Anton, un compañero ruso de la facultad. Hablábamos de ortografía y él me dijo que los acentos en francés no eran su fuerte: “no es porque no sea capaz de diferenciarlos al oído, sino que me implica mucha concentración el transformarlo en un signo al escribir”.
Esa condición se traduce, en él, en un desgano que llega hasta los “momentos de prueba” (y estrés) que son tan importantes en Francia: los textos organizados me-tó-di-ca-men-te, debidamente acentuados y argumentados que validan los semestres.
Al él le da igual, no pide reconocimiento, está un poco cansado y comienza a extrañar la naturalidad de hablar su propia lengua y de escribirla sin reflexionar todo el tiempo. Esto parece incoherente con el hecho de que estudió traducción francesa en su país, pero tiene sus razones para provocarle ese sentimiento un poco amargo que se escucha en sus palabras
En Rusia, hasta la fecha, es necesario que, a los dieciocho años, se haga el servicio militar. Este consiste en dos años de internado para todos los jóvenes. Anton, proveniente de una familia de clase media, donde las leyendas de los malos tratos, abundaban, no concuerdan con su espíritu más bien pacífico. Es por ello que optó por buscar las maneras de evitar cumplir con lo que su país le pedía por ley.
Opción número uno: Estudiar la Universidad: lo hizo. Pero al final estaba aún dentro del rango de edad que lo obligaba al servicio y debió tomar otro camino.
Opción número dos: Partir al extranjero hasta cumplir los veintisiete años.
Llegó a París a los veintiuno, tiene veinticuatro: le faltan tres.
Opción alternativa: Casarse, pero dice que no es su tipo, no antes de regresar a Rusia y tener un trabajo estable, en sus propias palabras.
Quizás es por eso arrastra sus palabras escritas, no es minucioso en su pronunciación, pero él sabe hasta qué punto puede jugar al extranjero, y sabe tomar entonces las palabras exactas y pronunciarlas con transparencia: conoce muy bien el francés.
En tal vez a causa del trabajo, que parece acostumbrado a todo. Hace tres años que cuida a los niños de una familia con quien ha vivido todo este tiempo. A cambio, recibo un salario y le es rentado un estudio de unos veinte metros cuadrados. No tiene excesos pero vive bien. Sin embargo, el cambio de estatus le es un poco penoso.
Él sabe que en Rusia estaría ejerciendo su carrera, que sería quizás profesor,o trabajaría en algo en el medio de la lingüística. Pero tiene que esperar y, para armar la otra parte de su vida, estudia letras francesas sin mucha convicción. Está cansado.
Dice que ha tratado de escribir en francés, no cuentos ni novelas, sino simplemente escribir alguna nota para su novia, que es también rusa, o un pensamiento. Ha tratado de hablar en francés con ella, pero acaba dejándolo porque, en su opinión, ella exige demasiado detalle.
Al separarnos una noche de viernes, después de beber unas cervezas bajo el puente de la foto - que de otra manera no tendría relación con estas palabras-, cada cual tomó su camino y volvió a su burbuja personal de palabras internas – la lengua materna-, en oposición a las externas - la otra lengua. Cada cual con su relación, escogida o impuesta, con las perras negras o con las transparentes; cada quien tiene su secreto.
Pavel García Gatica
pavelggg@hotmail.com
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